Un taller de robótica en el Liceo de Huara, apoyado por la Universidad Arturo Prat y ONU Mujeres, permitió que niñas y niños del Tamarugal construyeran y programaran sus propios robots, integrando ciencia, creatividad y saberes locales.
En pleno desierto de Tarapacá, estudiantes del Liceo de Huara participaron en un innovador taller de robótica que busca democratizar el acceso a la ciencia y la tecnología en sectores rurales. La actividad, desarrollada con bloques Lego y computadores, forma parte del proyecto Mujeres y Niñeces Indígenas: Transformando entornos, impulsado por la Universidad Arturo Prat (UNAP) y el Programa Originarias de ONU Mujeres.
El trabajo directo con las y los estudiantes estuvo a cargo de Felipe Reyes, Camila Honores y Daniel Alquinta, estudiantes de Ingeniería Civil Electrónica de la Universidad Arturo Prat. El objetivo es empoderar a las infancias del Tamarugal, brindándoles herramientas para idear soluciones concretas y despertar vocaciones científicas tempranas. Durante las jornadas, los escolares vivieron la experiencia de diseñar y ver cómo sus creaciones cobraban movimiento.
“Aprendí que unas cosas hechas con Lego podían funcionar y moverse. Ahora quiero aprender más, poder programar las cosas y también hacerlo solito”, señaló Benjamín Vilches, alumno de quinto básico.
El académico de la UNAP, Rubén Castro, destacó el valor formativo de la experimentación inmediata: “Pueden armar, programar y ver el resultado de aquello en lo que han estado trabajando. Esa posibilidad de crear y experimentar genera una motivación muy importante”.
La directora del Liceo de Huara, Carmen Barrera, subrayó la relevancia de acercar la universidad a comunidades apartadas: “Nuestros estudiantes acceden a conocimientos que muchas veces, por distancia o recursos, resultan difíciles de alcanzar”.
El taller se enmarca en una propuesta pedagógica STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas), que también incluye astronomía, telar tradicional, mosaico y música en diversas localidades tarapaqueñas. Según Marisol Salgado, coordinadora de los talleres, el modelo busca unir avances contemporáneos con saberes locales: “Queremos que las niñeces aprendan haciendo, con un sello intercultural que una la ciencia con las expresiones artísticas y tradicionales de la comunidad”.
Con esta iniciativa, Huara se convierte en un ejemplo de cómo la educación científica puede florecer incluso en los rincones más apartados del país, inspirando a nuevas generaciones a mirar el futuro con creatividad y confianza.
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