La estimulación cerebral profunda aplicada en el Hospital Sant Pau permitió que un paciente de 21 años, con un cuadro severo de Síndrome de Tourette, retomara sus estudios y actividades cotidianas tras más de una década de tics incontrolables.
En el Hospital Sant Pau, Barcelona, un equipo multidisciplinario de neurólogos, neurocirujanos y psiquiatras logró un hito en el tratamiento del Síndrome de Tourette: frenar los tics de un joven de 21 años mediante estimulación cerebral profunda (ECP).
El paciente sufría desde los 5 años tics motores y vocales que se agravaron con el tiempo, llegando a presentar gritos involuntarios, conductas destructivas y coprolalia o tendencia a pronunciar palabras obscenas. Los tratamientos farmacológicos no lograban controlar su condición, lo que lo llevó a una situación límite.
Tras la intervención quirúrgica, que consistió en implantar electrodos en el lóbulo pálido interno conectados a un neuroestimulador subcutáneo, el joven experimentó una mejora sostenida. Hoy puede salir solo, hacer deporte y proyectar su regreso a la universidad.
“El cambio ha sido extraordinario. Este chico presentaba riesgo de conducta suicida y ahora vive con autonomía y proyectos de futuro”, destacó Ignacio Aracil, neurólogo del Hospital Sant Pau.
La ECP se aplica como uso compasivo en casos seleccionados que no responden a medicamentos. Aunque aún no está aprobada por agencias reguladoras, este caso demuestra el potencial de la neuromodulación para transformar vidas.
El paciente subrayó el apoyo de su familia y entorno escolar, y confesó que la cirugía le permitió superar la vergüenza y el estigma social: “Solo me quedan algunos tics vocales, pero mi vida cambió por completo”.
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