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El último uso del plástico: Proyecto chileno Horizonte Azul transforma residuos plásticos en combustible y conquista reconocimiento internacional

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La iniciativa, impulsada por la Fundación Prisma Austral en la Patagonia, da una segunda vida útil al plástico industrial y aceites lubricantes usados mediante pirólisis, posicionándose entre los mejores proyectos sustentables del mundo.

En la región más austral de nuestro planeta, donde el cuidado de la biodiversidad marina y terrestre es un desafío cotidiano, un equipo de innovadores chilenos demostró que los residuos más persistentes de nuestra era pueden transformarse en una valiosa solución de economía circular. El proyecto Horizonte Azul, desarrollado en Puerto Natales por la Fundación Prisma Austral, logró un importante hito científico y ecológico al convertir con éxito desechos plásticos y aceites lubricantes industriales en eco-combustibles certificados.

Esta valiosa tecnología opera mediante el proceso de pirólisis termoquímica. A través de calor aplicado a altas temperaturas y en total ausencia de oxígeno, las moléculas complejas de plásticos (como el polipropileno y polietileno) se descomponen para devolverles su origen como hidrocarburos líquidos de alta pureza. El resultado de este innovador proceso son dos combustibles de estándar global: PATAGON FUEL™ (diésel de uso industrial) y AUSTRAL MARINE FUEL™ (combustible marino bajo la rigurosa norma internacional ISO 8217:2024), diseñado especialmente para abastecer a las de por sí complejas demandas de las embarcaciones que navegan hacia la Antártica.

La gran utilidad de este proyecto radica en que responde directamente a un vacío ambiental en la Región de Magallanes, la cual no contaba con gestores autorizados para tratar plásticos industriales o aceites usados a gran escala. Con una capacidad proyectada para procesar hasta 3.650 toneladas de residuos plásticos al año, Horizonte Azul no solo evita la saturación de los vertederos locales, sino que previene que toneladas de plásticos fluyan hacia los delicados ecosistemas subantárticos.

Gracias a su viabilidad técnica y su inmenso impacto ecológico, la iniciativa fue seleccionada recientemente entre los 500 mejores proyectos de los Premios Verdes, un prestigioso certamen internacional que evalúa el desarrollo sostenible en el continente con el respaldo de entidades financieras globales.

“Lo más importante es que organismos de alto nivel evaluaron el modelo y concluyeron que no sólo es una buena idea, sino también una iniciativa viable desde el punto de vista económico y ambiental”. — Marcelo Agüero Faridoni, director fundador de la Fundación Prisma Austral.

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