El vino producido en Canchones fue destacado durante el Seminario «Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de la Agricultura en Chile» realizado en Beijing y Tianjin. El proyecto de la UNAP usa 90% menos agua que un viñedo tradicional.
«China tiene Ningxia, Chile tiene Atacama». Con esa frase, el Vino del Desierto de Canchones se presentó en Asia como un ejemplo concreto de cómo la innovación permite producir alimentos en condiciones extremas.
El vino tarapaqueño fue uno de los casos destacados por la delegación chilena durante el seminario: “Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de la Agricultura en Chile”. El evento, entre el 25 de junio y el 8 de julio, en las ciudades de Beijing y Tianjin en China, sumó presentaciones y visitas técnicas y fue organizado por el Centro de Cooperación Económica Exterior del Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de la República Popular China.
La presentación, se hizo en el marco de una mesa redonda de diálogo sobre políticas de cambio climático, tecnología agrícola y cooperación económica entre China y Chile. En ella participaron profesionales del ámbito público y académico chileno, junto a representantes de asociaciones gremiales productivas agrícolas y pecuarias, además de empresarios de estos sectores de China.
Vino del Desierto en China
El proyecto del Vino del Desierto se presentó en China desde su génesis. Recordando que nace en el Oasis de Canchones, en la Pampa del Tamarugal, Región de Tarapacá. Liderado por la Universidad Arturo Prat de Iquique, junto a más de 15 familias de agricultores familiares de la zona.
La presentación destacó el reto que representa producir vino en el desierto. “El desafío era gigante: producir vino con menos de 1 milímetro de lluvia al año. Para que se hagan una idea, el desierto del Sahara recibe más lluvia que el de Atacama. Entonces, ¿cómo se hace vino donde no llueve? Es un mix de tradición más tecnología”, explicó Gustavo Curaqueo, ingeniero agrónomo, investigador y académico universitario, integrante de la delegación chilena, quien presentó este caso de éxito en la exposición, junto a Claudia Cuiza de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) del Ministerio de Agricultura de Chile.
En efecto, se trata de tecnología ancestral, sumado a innovación, para enfrentar la sequía. La clave del «Vino del Desierto» está en un mix de factores que lo convierten en caso de estudio global.
A partir del rescate de canales de riego prehispánicos, combinados con riego por goteo. Esta técnica logra 60% de ahorro de agua versus el riego tradicional.
Adicional a esa fórmula de riego, está el microclima extremo: más de 30°C de día, 5°C de noche, 300 días de sol y camanchaca. El estrés hídrico hace que la uva desarrolle más azúcar y aroma.
Otro de los factores es el suelo donde se planta la vid. Se trata de terreno mineral salino, que le entrega al vino una salinidad y acidez natural única.
La eficiencia hídrica es parte del proceso, dado que se usa 90% menos agua que un viñedo del Valle Central de Chile.
Vino premiado
«El límite de la agricultura no lo pone el clima, lo pone la innovación», este fue parte del mensaje que llevó la delegación chilena a China.
“Se trata de un vino premiado y con impacto social, no es solo un experimento. El Vino del Desierto ya tiene reconocimiento internacional”, explicó el académico, recordando los diferentes premios que ha recibido este vino en certámenes de nivel mundial.
Pero el impacto va más allá. En Canchones ha permitido reactivar la economía local de las familias agricultoras y rescatar 400 años de tradición vitivinícola del Tamarugal, demostrando un modelo de agricultura resiliente al cambio climático.
Tras la presentación, que incluyó un panorama completo de la agricultura en Chile, se generó una ronda de preguntas, que permitió establecer nexos de cooperación comercial y tecnológica entre los participantes, posibilitando futuros intercambios en tecnología agrícola y políticas de adaptación al cambio climático.
En este sentido, para la delegación chilena mostrar el Vino del Desierto en China fue demostrar cómo se puede producir con menos agua y más sustentabilidad.
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