La ciencia acaba de reconocer a una de sus voces más visionarias. Toby Kiers, bióloga evolutiva y catedrática en la Vrije Universiteit de Ámsterdam, fue distinguida con el Premio Tyler 2026 al Logro Ambiental, considerado el “Nobel del Medio Ambiente”, gracias a sus investigaciones sobre el aporte de los hongos en el freno al cambio climático.
El galardón, entregado la semana pasada, además de destacar la trayectoria de la científica y catedrática Toby Kiers, incluye un premio de 250.000 dólares, para recompensar investigaciones que benefician directamente a la humanidad.
Su aporte es tan invisible como decisivo: Kiers demostró que los hongos micorrícicos —esos filamentos más finos que un cabello humano que se conectan con las raíces de las plantas— son auténticas autopistas de nutrientes y carbono. Gracias a ellos, los ecosistemas se sostienen y el planeta logra capturar cada año cerca de 13.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, equivalente a un tercio de las emisiones globales de combustibles fósiles.
“Una bolsa de tierra contiene una galaxia”, dijo Kiers en una entrevista citada por AFP, para explicar la magnitud de la biodiversidad que se esconde bajo nuestros pies. Esa metáfora resume el corazón de su trabajo: revelar que el suelo es un universo vivo, lleno de interacciones invisibles que sostienen la vida en la superficie.
Durante décadas, la ciencia relegó a los hongos a un papel secundario. Kiers cambió esa mirada. Desde los 19 años estudia cómo estos organismos negocian recursos con las plantas en un verdadero “mercado biológico”: ofrecen fósforo y nitrógeno a cambio de azúcares y grasas ricas en carbono. En 2011, su equipo demostró que los hongos ajustan la provisión de nutrientes según la demanda, comportándose como sofisticados negociadores sin necesidad de un sistema nervioso.
El impacto de sus hallazgos no se quedó en los laboratorios. Kiers impulsó la creación de la Society for the Protection of Underground Networks (SPUN), responsable del primer atlas global de redes fúngicas. Este mapa reveló que la mayoría de los puntos calientes de diversidad permanecen fuera de áreas protegidas, lo que llevó a promover programas legales para defender la biodiversidad subterránea.
El reconocimiento internacional a Kiers no solo celebra su trayectoria científica, sino que también invita a un cambio de paradigma: mirar la vida “desde abajo hacia arriba”. En tiempos de crisis climática, su mensaje es claro: proteger el suelo es proteger el futuro. La próxima vez que observes un jardín, un campo o incluso una maceta, recuerda que allí late una galaxia invisible. Y que gracias a científicos como Toby Kiers, hoy sabemos que esa galaxia puede ser una de nuestras mejores aliadas contra el cambio climático


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