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La huella que no se borra con un scroll: profesora iquiqueña es reconocida como Docente Memorable a nivel nacional

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Docente memorable SLEP Iquique
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Camila Geraldo Bastías, del Liceo Libertador Bernardo O’Higgins de Iquique, fue distinguida por estudiantes de pedagogía, por la forma en que enseña a vincularse, no solo a memorizar. Su relato ahora formará parte de un Fondecyt de la Universidad de Chile que busca rescatar lo que no sale en el SIMCE.

En tiempos donde una clase compite con 20 pestañas abiertas, con TikTok y con la ansiedad de un mundo hiperestimulado, lograr que un estudiante recuerde a su profesora años después es un acto de resistencia. Eso fue lo que logró Camila Geraldo Bastías.

La profesora del Liceo Libertador Bernardo O’Higgins, perteneciente al Servicio Local de Educación Pública (SLEP) de Iquique, fue reconocida a nivel nacional como Docente Memorable.

No la eligió un comité técnico. La eligieron estudiantes de pedagogía de universidades de la región, consultados sobre qué profesor marcó su decisión de dedicarse a enseñar, nombraron su nombre.

¿Por qué ella?

Camila Geraldo fue elegida Docente Memorable del SLEP Iquique, por lo que los investigadores llaman “saberes de la relación educativa”. No fue por la cantidad de contenidos que pasó, sino por cómo miró. Cómo detectó al que llegaba triste, al que no quería estar, al que estaba sobreviviendo al día. En un aula donde todo invita a la dispersión, Camila hizo lo más difícil hoy: construir vínculo. Ese es precisamente el corazón del reconocimiento.

Gracias a esta distinción, Geraldo recibió una invitación para viajar a Santiago. Ahí se sumó al III Seminario “Cartografía Social Pedagógica: saberes de la relación educativa de docentes memorables chilenos”, realizado en la Universidad de Chile. Un encuentro que no premia notas, premia humanidad.

El seminario es parte de un proyecto mucho más grande: el Fondecyt Regular N° 1211286 y la línea de continuidad “Relatos docentes de la escuela pública: Contribución del aprendizaje narrativo a la formación del profesorado chileno”. El proyecto es liderado por el Departamento de Estudios Pedagógicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

¿Qué busca ese Fondecyt?

Algo que Chile olvidó por años: entender que el saber docente no está solo en los papers, está en los relatos. El proyecto, con más de una década de trabajo en documentación narrativa, recopila historias de profesores de escuela pública considerados memorables por sus estudiantes. El objetivo: transformar esas historias en material de formación para las futuras generaciones de profesores.

Es un giro epistemológico: en vez de enseñar a los futuros docentes solo con teorías, enseñarles con vidas. Con decisiones tomadas en una sala de 40 estudiantes, con errores, con intuiciones que se afinan con los años. “La investigación-formación-acción representa una estrategia basada en la indagación narrativa de sus propias experiencias pedagógicas”, explica la base teórica del programa. La narración, dicen, permite reflexionar, socializar y construir conocimiento válido sobre lo que efectivamente se enseña y se aprende.

Docente destacada por sus alumnos

“Este reconocimiento tiene un significado muy especial, porque nace de las experiencias de estudiantes de pedagogía que recuerdan a docentes que dejaron una huella positiva en su formación o en su decisión de seguir este camino. Saber que mis prácticas pudieron motivar a alguien y permanecer en su memoria es muy valioso”, dijo Camila Geraldo. Y agregó: “Participar en este proyecto es una oportunidad para compartir lo aprendido en el aula y contribuir, desde nuestra experiencia en la escuela pública, a la formación de futuras profesoras y profesores”.

Najle Majluf Morales, director ejecutivo del SLEP Iquique, expresó que la distinción “refleja el compromiso y el valioso trabajo pedagógico que se desarrolla en nuestros establecimientos. Su participación en este proyecto permite que la experiencia de la Educación Pública de nuestro territorio contribuya a la formación docente”.

En una época donde se discute si la IA reemplazará al profesor, la historia de Camila recuerda algo esencial: Antes de enseñar matemática, lenguaje o ciencia, hay que reconstruir la confianza. Y eso, por ahora, solo lo puede hacer un humano memorable.

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